En el momento que redacto esta columna cae el régimen de Muamar Kadafi. Como el objeto de estas notas es analizar la evolución del sistema internacional y los acontecimientos que modelan nuestro mundo, vamos a esperar a que baje la polvareda para ver con cuidado qué pasa en Libia, cómo puede evolucionar políticamente la situación y qué impactos producirá en la región. No menos importante es el desenlace de la crisis en Siria, que si llevara a una democratización, crearía una situación en el norte de Africa y Medio Oriente radicalmente distinta de la que teníamos hace menos de un año atrás. Los futuros posibles de una de las regiones más sensibles de nuestro planeta serían otros. Temas como la cuestión palestina, la relación árabe-israelí, la expansión democrática o el peso del mundo islámico tendrán que ser revisados.
Como el universo, la democracia se expande y contrae y, como en nuestro conocimiento del cosmos, apenas empezamos a comprender el funcionamiento de un sistema que intenta regular, en libertad, las relaciones entre los individuos.
En 2011 habremos visto la caída de los regímenes autoritarios de Hosni Mubarak en Egipto, Ben Ali en Túnez, Kadafi en Libia y, posiblemente, Bashar al Assad en Siria, junto con una liberalización política en Marruecos y Argelia e importantes cambios en Yemen. Todos están, aparentemente, anunciando la expansión del sistema democrático. Pero también, 2011 habrá sido un año en el que se profundizaron tendencias inquietantes en las democracias de Europa y de Estados Unidos.
La semana pasada analizamos estas debilidades en los países del Norte que resumimos en la idea de “desfasaje” entre la velocidad de las finanzas internacionales y la (in)capacidad de las democracias para resolver sus efectos sociales. Esta dificultad produce consecuencias políticas. En Estados Unidos la evaluación pública es de las más bajas y crece la corriente de extrema derecha del Partido República, el Tea Party. En Europa, se propagan las protestas de los “indignados” y crecen los movimientos filofascistas.
Lector, usted sabe que hay cuestiones que no es fácil plantear. Básicamente, porque en lugar de ser percibidas como una interrogación necesaria para entender lo que nos rodea, son utilizadas para acusar de quién sabe qué al que las formula. Se apunta al mensajero y no al mensaje, cómo si las preguntas no estuviesen en el origen del conocimiento.
Lo cierto es que, para muchas cosas de la política, se aplica el título de la película de María Luisa Bemberg, la gran directora argentina: De eso no se habla. De las incapacidades de las democracias no se habla porque resulta peligroso. Rápidamente uno puede ingresar al catálogo de portador de ideología sospechosa. A pesar de ese riesgo, la lucha por renovar la subsistencia de la libertad merece pensar en un mundo que está cambiando aceleradamente y en el que el cuestionamiento a la democracia va más lejos que un mero descontento circunstancial.
El gobernador de Texas, James “Rick” Perry es una figura ascendente en la política estadounidense, que el pasado 13 de agosto anunció su precandidatura presidencial. Es del Tea Party. Para su campaña, exhibe su experiencia de gestión y lo que presenta como el “milagro económico” de Texas: crecimiento superior al nacional, bajos impuestos y desempleo. La realidad es que ese “milagro” fue hecho en base a condiciones de trabajo de miseria, con salarios mínimos y el 25% de trabajadores sin cobertura médica.
Perry apela a las bases del Tea Party y de los 80 millones de votantes evangélicos. Consecuente con sus bases sociales, rechaza las teorías de la evolución que explican la aparición de género humano en el planeta; tiene el récord de ejecuciones a muerte en su país (es primero con 234, superando a George W. Bush, el segundo, con 152 ejecutados); piensa que “Obama es la mayor amenaza al país”; y cree que el presidente de la Reserva Federal (Banco Central), nombrado por Bush, sería muy mal tratado en Texas y “se convertiría en un traidor si imprime más dinero”. Para terminar esta somera pintura, el nuevo candidato presidencial considera que “la cobertura en medicamentos para la tercera edad y la ley Ningún Niño Fuera de la Escuela, son dos ejemplos clásicos de una política que representa una carga insostenible que no es posible permitir”. Una semana antes de lanzar su precandidatura, Perry reunió a 30 mil cristianos para rezar por una mejora de la economía del país. Judíos y musulmanes fueron excluidos.
De este modo, la interna del Partido Republicano parece una carrera hacia la extrema derecha. La semana pasada habíamos dicho que difícilmente quedara espacio a la derecha de otra líder del Tea Party y precandidata presidencial, Michele Bachmann. Sin embargo, allí está Perry, su principal competidor.
Por cierto que no es ineluctable que Obama pierda su reelección. Pero si llegara a suceder, no es nada improbable que Perry sea su reemplazante. Una sociedad, con una inmensa clase media desilusionada puede correr sus preferencias hacia el opuesto de 2008.
Con Estados Unidos gobernado por la extrema derecha, quién sabe qué destino para algunos países europeos, donde también ese sector toma cada vez más fuerza, las relaciones mundiales van a tener cambios profundos.
La custodia de la libertad, el debate, las elecciones, los mutuos controles republicanos sirven para que los individuos sean razonablemente respetados en el ejercicio de sus derechos. Pero, si esa sensación se debilita en la sociedad, la crisis económica dura y el ejemplo chino persiste, por qué sería impensable que en Occidente comenzara a repensarse en “el insostenible costo de la democracia”. Como hoy suena sacrílego decirlo, de eso no se habla. Ni se piensa. Sin embargo, debería ser una obligación hablar y pensar sobre las posibles amenazas que se ciernen sobre la libertad.
Lo más común es tener conciencia de presente; no son muchos los que tienen conciencia del pasado, de cómo la historia nos modeló. Son poquísimos los que logran tener conciencia del futuro, entre otras cosas porque aún no sucedió. Para eso está la política, que es construcción de futuro y, creo, que es casi imposible construirlo si no se lo imagina.
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