Vatileaks: el ex mayordomo del Papa fue condenado a 18 meses de prisión

ROMA.- "Lo que siento dentro de mí es la convicción de haber actuado por exclusivo amor, visceral diría, por la Iglesia de Cristo y por su jefe visible. Y tengo que repetir, no me siento un ladrón". Fueron las últimas palabras que dijo hoy el ex mayordomo infiel del Papa, Paolo Gabriele, antes del esperadísimo veredicto de la corte del Vaticano, que decidió condenarlo a 1 años y 6 meses de prisión y al pago de los gastos del proceso, por robo agravado de documentos top-secret del Vaticano.

Formada por tres jueces laicos, la corte decidió concederle varias atenuantes al ex mayordomo infiel del Papa, de 46 años y padre de familia, por sus buenos antecedentes, su arrepentimiento y por actuar en manera errónea, pero de buena fe.
En la cuarta y última audiencia de un juicio relámpago, anteriormente en su requisitoria el promotor de Justicia, Nicola Picardi, pidió una pena de tres años de reclusión y la interdicción perpetua pero limitada de Gabriele a cualquier empleo en oficinas públicas.
Por su parte luego de su arenga Cristiana Arru, abogada defensora del "cuervo", es decir, el máximo responsable del escándalo "Vatileaks" -la mayor filtración de documentos reservados de los sacros palacios, que dejaron al desnudo feroces internas-, en cambio, reclamó que se rebajara la tipificación del delito: en cambio de robo agravado, apropiación indebida, lo que podría haber significado una pena mínima de tres días de prisión.
 
Paolo Gabriele fue condenado por robo agravado de documentos secretos del Vaticano. Foto: AFP PHOTO / OSSERVATORE ROMANO
Arru también denunció varias irregularidades durante el proceso, entre ellas, que durante el allanamiento de la casa de Gabriele -donde fueron halladas 82 cajas repletas de docuementos-, nadie hubiera utilizado guantes, no se hubiera hecho un inventario del material encontrado, ni se hubieran hecho fotos.
"Más allá de todo esto lo importante es lo que empujó a Paolo Gabriele a actuar. De las actas se ve la voluntad de Gabriele de ayudar y no de dañar a la Iglesia. Lo suyo es un acto condenable e ilícito pero fue empujado por el mal que veía, fue empujado por el hecho de que consideraba que el Santo Padre no estaba suficientemente informado, fue empujado por una fe profunda", arengó Arru.
En sintonía con esto, en su requisitoria el fiscal Picardi recordó que Gabriele -reo confeso de haberle dato al periodista Gianluigi Nuzzi fotocopias de documentos reservados que aparecen en su best-seller "Su Santidad, las cartas reservadas de Benedicto XVI"-, había confesado en un interrogatorio haber actuado como un "infilitrado del Espíritu Santo", para darle un shock mediático a la Iglesia, donde veía "mal y corrupción".
Tanto el fiscal como la abogada defensora coincidieron en sostener, tal como hizo Gabriele, que actuó sin cómplices y sin haber obtenido ningún tipo de beneficio con la filtración de los documentos fotocopiados en el mismo departamento del Papa, en plena luz del día y en su horario de trabajo.
Durante la cuarta y última audiencia del también denominado "juicio del siglo", porque se trata de un juicio histórico, sin precedente en el Vaticano, Gabriele apareció como siempre muy elegante, de traje gris y corbata e impasible. Sólo sonrió al inicio de la audiencia, a la que por primera y única vez asistió su padre, al hablar con su abogada. No dejó trascender emociones tampoco durante la lectura del veredicto que tuvo lugar a las 12.20 del mediodía en Italia (7,20 en la Argentina), tan sólo tres horas y veinte después del comienzo de la última sesión. Especialistas en tema vaticanos coinciden en afirmar que la condena de 18 meses a Paolo Gabriele en un juicio relámpago (y parta algunos, parecido a una farsa), si bien cierra un capítulo, deja muchos interrogantes abiertos y al Vaticano y a la Iglesia, golpeado en su imagen.

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